Descansa ya, guerrero de la Paz

A la derecha el comandante guerrillero Eloy Gutierrez Manoyo

Este 20 de Octubre ha muerto Eloy Gutiérrez Menoyo. Había nacido en Madrid el 8 de diciembre de 1934, trayéndose a Cuba, con la emigración de sus familia, los aires de la confrontación que destrozaba su país.
Y así aquellos vientos que se desataron en nuestra propia tormenta, la que sostuvieron durante casi 6 años el gobierno de entonces y los combatientes antibatistiano, entre los que se encontraban Eloy y su hermanos Carlos, caído en el asalto al palacio presidencial.

Carlos Gutiérrez Menoyo. Hijo de Carlos Gutiérrez Zabaleta, médico y militante en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), se exilia en Francia al concluir la Guerra Civil de España y se alistó con las tropas francesas y estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial. Al término de la Segunda Guerra Mundial, Carlos y el resto de la familia viajan a La Habana, Cuba. Se incorpora al Directorio Revolucionario y participa, acompañado por su hermano Eloy, en las acciones del Asalto al Palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957, como dirigente de la operación donde muere.  Información: Ecurred

Instituto Preuniversitario en el Campo bautizado con el nombre de Carlos Gutierrez Menoyo por el mismo estado que mantenía en prisión a Eloy, hermano del combatiente antibatistiano. Foto tomada del sitio del Instituto en Facebook.

Lo que no podían sospechar aquellos revolucionarios es que con su sangre o la que derramaban del bando contrario labraban el campo para una nueva tiranía, contra ella y renunciando a todos sus cargos, como un “Che” de la democracia volvió a alzarse en armas aquel españolito aplatanado, quien tras ser herido en combate terminó siendo condenado a 30 años de cárcel.
En medio de su desgracia tuvo la fortuna de que sobre el cayera la mirada de la socialdemocracia en la figura de su compatriota y entonces jefe de Estado Felipe González, a quien debe las gestiones por las que en 1986 resultó amnistiado.

Cargado de ideas de la prisión y fue con ellas, y enterrando el hacha guerrera con las que volvió a pelear por su segunda tierra. Un día lo vimos en Suecia, allá por el 1995. Si su anfitrión de ese momento, Pierre Schorí (brazo derecho del extinto Olof Palme), entonces con el poder necesario, le hubiera apoyado podría haberse creado Menoyo una auténtica base política entre aquellos exiliados que a pesar de su anticastrismo llevaban en la sangre los valores del socialismo.

Pero Menoyo estaba mal guiado, llevado de la mano, sin saberlo por el Diablo, alguien quien mas temprano que tarde se manifestó como un cómplice del gobierno cubano: René Vázquez Díaz. Algún día nos dirán los historiadores cual fue la dimensión de su responsabilidad en el hecho de que el la doctrina de “Cambio Cubano” no echara raíces en el exilio político que por estos hélidos lares se estaba gestando.

Gutiérrez Menoyo continuó su lucha frente al régimen interminable de los Castros, respaldado por los pocos acólitos de su grupo Cambio Cubano, marcando distancia con el resto de la oposición a la que denuncia por una corrupción que tiene mucho de cierta, sin establecer otra alianza que de manera ocasional fragua con sus correligionarios de Arco Progresista.

Dijo en Cuba cuatro verdades, contra unos y contra otros, y aunque tolerado no avanzó demasiado, mas allá de convertirse en un referente moral que no puede ser negado, ni siquiera por sus enemigos de “izquierda” y de “derecha”.

En todo caso tuvo un gran mérito, raro en una generación violenta que quiere morir de un odiando con las botas puestas. Fue capaz de iniciar una nueva guerrilla cubana, la partida solitaria, desguarnecida, olvidada, pero no por ello menos heroica que la del sacrosanto Guevara, pero mucho mas humana y noble que la boliviana, por ser la de veterano comandante, una guerrilla cuyos humos no emergen de cañones, sino de la pipa de la paz.

Descansa Eloy tranquilamente, nada malo te aguarda del otro lado que si tuviste muertos alguna vez, ellos, por tu sufrimiento en prisión, tu cambio de vida y acción, hace tiempo, te habrán perdonado.

Venga a los familiares y amigos de luchador fallecido estas condolencia de una revista que se siente en deuda con Menoyo, como debe estarlo todo hijos de la patria cuyo nombre tomamos prestado.

Testamento político de Eloy Gutierrez Menoyo publicado tras su muerte en diversos periódicos españoles

El año 1959 registró un acontecimiento que parecía marcado por la poesía: la Revolución Cubana. De aquella Revolución, esparcidos por la isla y por el mundo, quedan hoy restos dolorosos de un naufragio. En el 2003 regresé a Cuba. Enemigo en un tiempo del Estado cubano y percibido así oficialmente, intentaba una actividad pacífica que fecundara a favor de un espacio político. Durante años, desde el exilio en visitas puntuales a Cuba, habíamos dialogado con este gobierno con vista a una apertura política. Con el país hecho añicos, sin el socorro de la desaparecida esfera comunista, no le quedaba a Cuba otra salida que no fuera el cambio.

Así se lo manifesté a Fidel Castro en nuestros encuentros que consideré breves pero sustantivos. Sin embargo, desde mi llegada sorpresiva, no se me ha extendido el carnet de identidad ni se me ha otorgado el espacio político que se discutió en un tiempo. Es cierto que se ha tolerado mi presencia pero ello ha ocurrido bajo el ojo orwelliano del Estado que se ha preocupado por observar de cerca a nuestra militancia.

En el tiempo que he pasado aquí, he visto también la destitución de sus cargos de algunos de los funcionarios oficiales que compartieron conmigo y otros activistas de Cambio Cubano, no sólo la preocupación por los problemas que asolan a nuestro pueblo, sino también la urgencia de producir la necesaria apertura política. Esa apertura política traería consigo grandes transformaciones que se hacen impostergables y para las cuales no faltó en los momentos de nuestras conversaciones cierto estímulo alentador por parte del más alto liderazgo de este país.

Hoy día, sin perder mi fe en el pueblo cubano, denuncio que aquella empresa, llena de generosidad y lirismo, que situaría de nuevo a Cuba a la vanguardia del pensamiento progresista, ha agotado su capacidad de concretarse en un proyecto viable.

Comparto esta realidad con los mejores factores del pueblo cubano, estén en el gobierno, en sus depauperadas casas o en el exilio, y asumo la responsabilidad de este tropiezo a la vez que me reafirmo en las ideas que en su inicio suscitaron la admiración de amplios sectores cubanos e internacionales. Hago esta declaración en medio también de un diagnóstico médico en lo que va menguando mi salud personal. Asumo la responsabilidad de esta batalla y no me amedrenta el hecho de que algunos puedan calificarla de fracaso. La voluntad de perpetuarse en el poder de Fidel Castro ha podido en este caso más que la fe en la posible renovación de los mejores proyectos cubanos desde fecha inmemorial. ¿Cuál es la Cuba a la que me enfrento hoy en medio de mi enfermedad? Es una Cuba desolada en la que el carácter ético del proceso de 1959 se ha hecho inexistente. El ciudadano ha ido perdiendo consciencia de sí mismo: se resiste aunque a veces no lo exprese y la juventud se sustrae y convierte el deseo de escapar en una obsesión desmesurada. Grandes sectores de la gente de a pie ya sabe de memoria que esta revolución ya no tiene sentido moral. El cubano ha ido perdiendo su esencia. Sobrevive en la simulación y en ese extraño fenómeno del doble lenguaje. Las estructuras son irracionales. La extranjerización de la economía se monta precariamente sobre una fórmula absurda y desbalanceada que excluye el protagonismo y la iniciativa nacional.

El gobierno que pregonó ser del pueblo y para el pueblo no apuesta por la creatividad y la espontaneidad nacional y el sindicalismo brilla por su ausencia.

Me ha tocado vivir de cerca la ardua faena de intentar hacer oposición en este país. He sido firme en mi posición independentista y en mi llamado a marcar distancia de cualquier proyecto vinculado a otros gobiernos. Pero el gobierno cubano ha sido tenaz en su minuciosa labor de hacer invisible a la oposición, a la que se coacciona y cohíbe de movilizarse y no se le permite insertarse en las áreas importantes de las comunicaciones o la legislación.

¿Cómo indemnizar a un país a 50 años de disparates contra su ciudadanía? ¿Cómo se indemniza a un pueblo de tantos daños directos contra la colectividad y el ciudadano? ¿Cómo se le indemniza de los errores por consecuencia?

El gobierno cubano no deja duda de su incapacidad de crear progreso. Como resultado de esta realidad el cubano deambula sus calles como un ciudadano disminuido, inquieto, triste e insolvente. En la mentalidad de los que se aferran del poder a toda costa ese ciudadano es el modelo y candidato perfecto a la esclavitud. La constitución no funciona. El sistema jurídico es una broma. La división de poderes no es siquiera una quimera. La sociedad civil es, como el progreso, un sueño pospuesto por medio siglo.

¿Burla la justicia la madre desesperada que busca leche para su hijo en la bolsa negra? Hace unos 60 años, Fidel Castro se dirigió a un magistrado, en medio de una dictadura pero con prensa libre como testigo, y explicó que si se le acusaba por uso de fuerza militar revolucionaria, ese agravio, ese desacato a la ley, y aquella querella oficial contra él, debían ser desestimados ya que el gobierno existente era producto ilícito de un golpe de estado. Aquella lógica, inexpugnable y cierta, podría aplicarse hoy día, en nombre de la oposición para decir que el gobierno cubano hace un grosero uso del poder absoluto y que su consolidación a perpetuidad es una intolerable disposición testamentaria. Se usaría bien aquel planteamiento de Fidel ante un magistrado para decir que nadie puede hacerse custodio eterno de un país ni llevar adelante una meticulosa empresa de abolir la realidad y de paralizar el avance. También se me ocurriría preguntar dónde está la dirección originaria del proceso por el que murió mi hermano Carlos o cuándo terminará la desazón de sentir que el futuro está hipotecado. Durante 50 años de destreza política y control policiaco el cubano ha sido un verdadero héroe de la subsistencia dentro de un laberinto dialéctico. Ha manejado el desencanto y el extravío y el desdoblamiento y la fatiga. ¿Qué tiene de nuevo que decirle este gobierno a ese cubano acerca de su destino incierto? Según los médicos, mi diagnostico es irreversible. Voy sintiendo que cada día será más opaco y a la vez más cierto en la brevedad de mi destino. No temo el diagnóstico que parece ser una ruta y la caminaré con calma y con esperanza en el futuro de Cuba, esta tierra de hombres y mujeres inigualables. Quisiera decir que me reitero en las ideas que alentaron en mí y en mis hermanos mis padres generosos; ni tamizo ni renuncio a mi vinculo con la socialdemocracia, una vinculación que es, cada vez más, a partir de la visión incluyente de la historia; las posibilidades de éxito de cualquier visión política se engrandecen o achican a partir de la generosidad y el sentido de compromiso colectivo, la capacidad de acuerdo de sus portadores.

Si ofendí a alguien, si los fantasmas de las diferentes contiendas me tentaron a faltarle a la generosidad, pido benevolencia, al igual que olvido a quienes pudieron haberme juzgado de manera apresurada hoy reflexiva. Creo haber servido a Cuba en diferentes etapas por encima de los errores de mi autenticidad, de cualquier falta de visión de mi parte o de cualquier terquedad en el camino. Durante la revolución, creo haber sido una voz de humanismo que se manifestó quizá mejor en el sentido de oponerme a los fusilamientos. Haber vivido en mi infancia la guerra civil española me había preparado para intentar al menos el dominio de las pasiones. No creo haber sido de los que permitieron el reverso del sueño que acabó en convertirse en la peor pesadilla. Alguien podría interpretar este documento como un lamento pesimista. Sin embargo, no es ese su propósito como no va en él ninguna forma de cólera aunque me haga eco de estos duros quebrantos de la familia cubana a la que me uní desde mi niñez al llegar a Cuba como miembro de una familia de exilados españoles republicanos. Mi optimismo se basa en la fuerza telúrica de esta isla; en la ternura infinita de la mujer cubana; en el poder de innovación de su gente más sencilla. La herencia de perdurabilidad de la Nación cubana resistirá todos los ciclones de la Historia y a todos los dictadores. Varela es más que una seña. Maceo es más guía que guerrero admirable. Martí no es una metáfora. La suerte llegará. Cuando el último cubano errante regrese a su isla. Cuando el último joven nacido en Madrid, en Miami o en Puerto Rico se reconozca en la isla. Cuando sanen las heridas y desaparezca el dolor habrá un pueblo que tendrá cautela de celebrar su nueva dicha y de cuidarse de magos iluminados y de proyectos mesiánicos. Porque, no importa cómo, la suerte llegará: delgada, silenciosa y frágil como una mariposa llena de júbilo, como una señal para este pobre pueblo que merece algo mejor. Yo sé que habrá una mariposa que se posará en la sombra. Me habría gustado poderle decir que habría querido dar más; acaso ella habría entendido que sólo pude dar mi vida y que tuve el privilegio de ser parte de esta isla y de este pueblo.

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