La Constitución que necesitamos

Encuentro en respaldo a Consenso Constitucional que tuvo lugar el 19 de julio de 2014 en el salón GC-140 del Graham Center de la Universidad Internacional de la Florida.

“La Cámara no podrá atacar las libertades de culto, imprenta, reunión pacífica, enseñanza y petición, ni derecho alguno inalienable del Pueblo.”
Art. 28 de la Constitución votada en el pueblo libre de Guáimaro, Cuba, el 10 de Abril de 1869

A partir de nuestra experiencia como redactores de la primera publicación independiente cubana en Europa; la revista Digital Cuba Nuestra, editada en Suecia, en la que colaboran no sólo compatriotas radicados en diversas partes del mundo, sino personas de otras nacionalidades, que nos ayudan a comprender los grandes retos globales a los que también se enfrenta el país de nuestro nacimiento; se nos ocurren varias ideas que deberían ser reflejadas de algún modo en nuestra Carta Magna.
Ellos redundarían en el bienestar de los cubanos, siempre y cuando se den dos condiciones fundamentales: una; la de que el Estado cumpla a rajatabla sus propias leyes, comenzando por la principal, dos; que el Parlamento sea realmente del pueblo; no solamente de nombre como ocurre hoy, sino de hecho, convirtiéndose la Asamblea en el foro donde ejerza su soberanía la nación, donde nazca y se controle, en nombre del pueblo al gobierno, que sea ella un espacio para legislar, sin élites dominantes en las sombras, ni minorías oprimidas por una comunidad mayor.
Necesitamos una Ley Fundamental que desde el punto de vista formal y material independice el poder legislativo, el ejecutivo y el judicial, a la vez que garantice la existencia de una cuarta instancia de equilibrio la de la opinión pública. Para ello es necesario actualizar el Artículo 28 de la Constitución de Guáimaro; esto se conseguiría través de tres leyes adicionales; una de Libertad de Prensa, otra de Libertad de Expresión (como las que existen por ejemplo en la Constitución sueca) y una tercera, de Trasparencia, que permita la fiscalización ciudadana de todo cuando se cuece en las instituciones públicas; Gobierno, Ministerios, Tribunales, etcétera.
Necesitamos una Ley Fundamental que en la fuga del unipartidismo no nos haga encallar en el mal de las partidocracias, que a la vez que proteja la formación de auténticas plataformas para defender ideas, visiones y sanos intereses, impida en los terrenos baldíos de la nueva democracia, la multiplicación, como hongos, de aparatoso ideológicos convertidos en medios de vidas para demagogos y burócratas; instrumentos de lobbistas que corrompen con su dinero la materialización de la voluntad electoral, cuando no son marionetas de la función que hipnotiza a la ciudadanía mientras se le escapan de las manos las riendas de la vida política.
Y siguiendo la anterior idea, necesitamos una Ley Fundamental que coloque al Estado al servicio del individuo y no al revés como ocurre hoy con el caso cubano, que permita al ciudadano su participación directa e indirecta en cualquier instancia de la administración, supervisando a nivel local, provincial o nacional, la acción de representantes, funcionarios y especialistas públicos para los que no existirá jamás la palabra impunidad.
Se trata de recuperar la centralidad del ciudadano, sin caer en la visión atomizadora del individuo, esa que ha logrado imponerse en las sociedades occidentales, contraponiendo la persona, no al poder, sino a la pareja, al padre, al hijo y en general al núcleo central de todo sociedad que es la familia.
Es con respeto a esa célula reproductora, en cuyo seno nacen, se educan y encuentran sus mejores apoyos el hombre y la mujer, que ha de marchar, a contracorriente del mundo actual, la nueva Constitución: defendiendo a capa y espada la institución familiar.

Necesitamos una Constitución que impida el trato discriminatorio de los individuos en base a la apariencia, el pensamiento, la condición económica o el sexo, que convierta en irrelevantes tales particularidades del a la hora de su interacción social, y así convertir de una vez y para siempre en obsoletas la guerras de sexo clase o color.
Y en su afán de justicia, la nueva Constitución, ha de ir más allá que todas las vigentes, colocando en pie de igualdad, en lo que a la defensa de los derechos humanos se refiere, a todo el que pisa nuestro suelo, lo mismo si es un nativo que un extranjero. Es lo menos que puede demandar quien sintió carne propia la tragedia de emigrar.
Para terminar; hagamos la Constitución que salve a nuestra tierra de los signos que ha sufrido, de los extremismos del colectivismo y el individualismo, del imperialismo y el nacionalismo, del Estado y el mercado.
Así, codificando la hechura de nuestra felicidad daremos la última lección de los cubanos a la humanidad.
Redacción Cuba Nuestra
Miami, 19 de julio de 2014.

Banderas en en el Centro Graham de la Universidad Internacional de La Florida.

Banderas en en el Centro Graham de la Universidad Internacional de La Florida.

*Comunicado enviado Carlos Manuel Estefanía, en nombre de la redacción de Cuba Nuestra, a la comisión organizadora del encuentro en respaldo a Consenso Constitucional que tuvo lugar el 19 de julio de 2014 en el salón GC-140 del Graham Center de la Universidad Internacional de la Florida.

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